Orinoquia

Orinoquia, Volumen 9, Número 1, p. 69-71, 2005. ISSN electrónico 2011-2629. ISSN impreso 0121-3709.

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ARTÍCULO DE OPINIÓN

1¡Vuelven los criollos!

El ganado criollo y la Universidad criolla

Creoles come back!

Creole livestock and creole university

OSSA LONDOÑO, J.-MV, MS, PhD. Grupo CHHES- Biogénesis-Universidad de Antioquia Recibido: 26/04/2005 • Aceptado: 10/05/2005

1. Ponencia presentada en “Catama Criollos 2005” “Vuelven los Criollos”, Villavicencio, febrero de 2005

I. RESUMEN / INTRODUCCIÓN

Recordemos que lo que llamamos ganado criollo es el producto del segundo viaje de Colon, de la misma manera que la universidad criolla, por lo menos la universidad privada de origen eclesial (Nuestra Señora del Rosario), es también producto de la Colonia. El ganado y la Universidad son criollos por adopción. Tanto los colonizadores-invasores, como los ganados y la universidad son influencia de lado y lado del Mediterráneo: Los hombres, del sur de España-con herencia árabe-los ganados, muy posiblemente del norte de África; y la universidad, del modelo de Salamanca y Alcalá. ¿Todo esto será una simple coincidencia, o será parte del presente y el camino hacia un futuro?.

Pero muy pronto en la República se fundaron las primeras Universidades de carácter público, posiblemente la Universidad de Antioquia y la del Cauca fueron las primeras. Hoy tenemos una amplia gama de instituciones de educación superior, públicas y privadas (si bien las privadas tienen más del 70% de los estudiantes matriculados, y la tendencia es a empeorar). ¿Qué es lo que debemos pedir a éstas instituciones y qué podemos esperar?.

La Universidad por definición es Universal y esto adquiere mucho sentido hoy cuando nos atropella la globalización. Pero el concepto de universalidad no puede ignorar la localidad, de la misma manera como la inscripción en el mundo global requiere una clara conciencia del pequeño mundo local que nos ha sido dado, justamente como atalaya para observar y participar, con sentido, en esa mundialización. Pues bien, ese mundo local que tenemos los colombianos incluye al ganado criollo colombiano, con 500 años de adaptación a las condiciones a que los hemos sometido (sin que hayamos sido capaces de exterminarlo); y por tanto, portadores de una historia natural única.

II. ¡VUELVEN LOS CRIOLLOS!

Comprendí el significado de esta evocación por explicación que me dio el Dr. Germán Martínez. Esta Fe- ria, que cumple 25 años sin interrupción (felicitaciones a los fundadores y a los continuadores), incluye desde hace cinco años una actividad académica, y esta vez sobre Ganado Criollo. Para el próximo año y para los subsiguientes propongo que el slogan sea ¡Se quedaron los criollos! Para ello queremos convocar a las Universidades, a los ganaderos y sus asociaciones, a los técnicos, tecnólogos y profesionales y al Estado.

Todos conocemos, por lo menos a medias, la historia de estos ganados. En el caso del BON, a modo de resumen, puedo decirlo de una manera muy personal: Las vacas BON fueron la fuente de la leche que alimentó la infancia de los padres y los abuelos de todos aquellos que, cómo yo, nacimos entre las arrugas de las cordilleras, hace más de 50 años. Algo similar podrán decir los llaneros, los costeños, los santandereanos…

Pero también fueron utilizados para abrir las praderas y para asegurar la propiedad de latifundios, en fin, para formar la primera generación de ganaderos criollos. Hay mucho espacio para la investigación histórica crítica sobre este tema.

III.RECURSOS UTÓCTONOS/MUNDIALIZACIÓN

La Globalización es, sin lugar a dudas, el tema político más relevante, aunque no el más nuevo. La globalización, como conocimiento del globo se inició con los grandes navegantes como Marco Polo, Colon y Magallanes. La occidentalización de América (o sea la llegada de la cultura Greco-Judío-Cristiana) fue el principio de la globalización. Antes de Colon, la América Indígena era Oriental, en su raza y en su cultura.

Pero el concepto de globalización, hoy, ha adquirido un sentido hegemónico alrededor del comercio, poco se habla de la globalización de otras urgencias humanas, como las migraciones, el trabajo, y definitivamente no podrán globalizar las culturas, so pena de incurrir en la balcanización del mundo entero. Por esto, autores como Edgar Morin proponen el término mundialización, como un movimiento que tenga al ser humano como su objetivo central para continuar con la utopía de la humanización de la Humanidad.

Humanizar la humanidad incluye la conciencia de que habitamos un planeta ‘chiquitito’, en una galaxia que no es la mayor, y en un universo en expansión. En este planeta dependemos de la biosfera, unos milímetros de suelo y unos centímetros de atmósfera que hoy, gracias a la ciencia y a la técnica de la modernidad, estamos en capacidad de destruir. Pero también gracias a la ciencia y a la técnica, podríamos proteger y conservar. Para lograrlo se requiere el desarrollo de un pensamiento ecológico, un pensamiento complejo.

IV. UNIVERSIDAD CRIOLLA/UNIVERSIDAD UNIVERSAL

Bien vale la pena preguntar, entonces, cuál es el papel de la Universidad frente al ganado criollo, y por extensión, frente a los recursos genéticos autóctonos. Permítanme definir Universidad para esta presentación, como el conjunto de toda la educación postsecundaria; pero como tal generalización me sería penalizada, permítanme más bien hablar del papel de la educación superior en la conservación de los recursos genéticos. Ésta incluye la educación técnica, la tecnológica, la profesional, la posgraduada, la continua, y la informal…Pero voy a tratar de demostrar también que sin una educación elemental y media adecuadas, es imposible la meta ecológica… la sostenibilidad.

En general, y esto tiene validez universal, según el mismo autor mencionado, en su obra “Los siete saberes para la educación del futuro”, la educación que hemos recibido tiene deficiencias mayores, justamente por su incapacidad para formar seres humanos integrales, ecológicos, planetarios. Así, parcelamos el conocimiento y nos hacemos muy buenos para una pequeña especialidad, en la medida en que nos hacemos muy ignorantes (con autorización) para todo lo demás; pero ¿quién es capaz de juntar todos estos cabos y comprender que el conocimiento, todo, está conectado a través de una red de causas y efectos? Es decir que todo es a la vez causa y efecto, y por tanto, el conocimiento de una pequeña parte no es suficiente para comprender el todo.

Volvamos a la mundialización y propongamos que ésta es el producto de pequeños mundos locales, definidos por sus particularidades bióticas y abióticas y por su cultura. No podremos ser mundiales o planetarios sin una arraigada pertenencia a una localidad. Esas localidades que antes se podían identificar como naciones, tienden a fragmentarse mucho más (el mismo concepto de nación se ha hecho fluido) hasta llegar a la municipalidad, y a la cuenca y al mismo individuo.

La pregunta es, entonces, de supervivencia: ¿De qué recursos físicos y biológicos dispongo, y de que nivel de conocimientos, y de qué capacidad creativa para combinarlos con sentido ecológico?.

Como insinuaba antes, el asunto tiene que ver tanto con la educación elemental como con la superior. Los sistemas educativos persisten en dar más importancia a la información que a la formación; y privilegia lo exótico y lo remoto a lo cercano y a lo cotidiano.

Así resulta que en un momento dado sabemos más de las jirafas y de los leones, que del capibara y del oso andino… ¿cuántos capibaras y cuántos osos andinos pintamos en la escuela? Y ¿cuántos quedan antes de su extinción definitiva? ¿Sabemos cuál es el nombre vulgar y científico y cuáles son las propiedades de los árboles de la escuela? ¿Sabemos quiénes habitan los árboles del patio? Sabemos el nombre de las flores del jardín de la escuela; o, más aún, sabemos cultivarlas? ¿Cuánto saben los niños llaneros del yamú y del delfín rosado, del alcaraván, la danta y el cachicamo?.

Y los universitarios sabemos más del Cebú y del Holstein que del Sanmartinero y el Casanareño; y sabemos más del Setter irlandés que de nuestros caninos ancestrales… y nos interesan mucho las prácticas pecuarias de Iowa, pero no queremos saber nada de las prácticas de nuestros indígenas y campesinos.

Todo lo anterior conduce a una formación descentrada de lo local, desligada de la vida cotidiana. La moraleja es muy clara: lo local no importa, lo cotidiano es banal e inmodificable, la educación empieza en la frontera y avanza hacia allá, el conocimiento valioso es el de la última ola. Poco caemos en cuenta de que en ese proceso de ignorancia de lo local desaparece también el sujeto de la educación -el ser humano- y así, sin arraigo en lo local, la mundialización carece de sentido; o bien podríamos decir desaparecemos en la globalización.

V. PERSPECTIVA/CONCLUSIÓN

Otra sería la situación de los recursos genéticos autóctonos si los colombianos hubiéramos sido formados en equilibrio entre lo propio y lo foráneo, entre lo cercano y lo lejano, entre lo local y lo global; con un profundo sentido de la historia, no como listado de fechas pasadas, sino como posibilidad de prospección, de cambio sostenible, de cambio con sentido; con sujetos incapaces de soportar el statu quo y con el perfil ético para dirigir el cambio hacia el bienestar social, hacia el vecino de la vereda y hacia el vecino mundial. En fin, con sostenibilidad planetaria, que significa dejar el planeta íntegro y limpio para las nuevas generaciones.

Cuando los colombianos no nos avergoncemos de nuestro origen triétnico y de nuestra cultura híbrida, seguramente empezaremos a valorar también los recursos autóctonos: entonces tendremos sujetos antropológicamente ubicados y dispuestos a participar con sentido en esta nueva fase de la historia que se llama la mundialización. Tal debe ser el objetivo de la educción.

En cuanto al ganado criollo, lo debemos conservar; pero no como un simple museo viviente, sino que también lo debemos propagar y caracterizar sus cualidades productivas, pero ante todo genéticas; y no solo cuantitativas sino también moleculares. Pero todo esto debe estar precedido y acompañado de lo que es consustancial y fundamental a la universidad, que es el pensamiento crítico: Docencia sí, pero crítica; investigación también pero atravesada por el pensamiento profundo, no solo por el activismo de corto plazo. A la universidad debemos pedirle la intelectualidad; esto es la capacidad de hacer propuestas significativas y de largo plazo para el futuro de la sociedad. Lo único verdaderamente fundamental de la universidad es el pensamiento: esto es lo que debemos exigir. Si no hay pensamiento, el proyecto de universidad está inconcluso.

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